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Comprender la realidad argentina implica tratar de entender la enorme influencia del General Perón en la vida política, económica y social desde 1945 y que, aún hoy, sigue perenne pese a su muerte, acontecida el 1º de julio de 1974. Su legado fue recogido por todas las vertientes del justicialismo, que ahora debiese llamarse injusticialismo, con el fin de retroalimentar sus ambiciones de poder, las que todavía no han podido ser limitadas por ningún otro partido tradicional en la Argentina.
Tras la muerte de Perón, todos y cada uno de los referentes partidarios enarboló sus banderas para su propio provecho. Desde Antonio Cafiero al Emperador Carlos Iº de Anillaco, pasando por Eduardo Duhalde y actualmente por Néstor Kirchner. También lo ensalzaron los líderes sindicales, desde Hugo Moyano a los "gordos" de la CGT, en el proceso de acumulación de poder sobre los trabajadores sindicalizados.
Sin dudas, el General Juan Domingo Perón, tres veces Presidente de los argentinos y de las argentinas por la vía constitucional, constituye un ícono político de gran envergadura. Su obra en favor de los trabajadores, a quienes dotó de ciudadanía, se limitó a poner en práctica los proyectos del primer diputado socialista por La Boca, el insigne Alfredo Palacios, pero ello bastó para iniciar su carrera ascendente en pos de la eternización en el poder desde la modesta Secretaría de Trabajo y Previsión de la Revolución de 1943.
Lo político y lo sindical se amalgamó con las enseñanzas de su periplo como agregado militar en Italia y Alemania. De allí, tomó las formas para construir su Partido Peronista, iniciado como Laborista, de la mano de Domingo Mercante, el que hoy conocemos como Partido Justicialista, aunque con varias expresiones político partidarias que devinieron luego de la muerte del Líder.
El 17 de octubre de 1945 es una fecha clave en la mitología peronista. Es el inicio de un ciclo que reconocería los derechos de los trabajadores y les otorgaría calidad de ciudadanos en forma sustancial, pero ello contrastó con una construcción política basada en el asistencialismo, en el clientelismo y en el amiguismo, lo cual fue tomado por su clásica oposición, desde Balbín a Alfonsín, como la Unión Cívica Radical.
Ayer, en un nuevo aniversario de la gran movilización popular que catapultara a Perón, para instalarlo definitivamente en la historia argentina, tomaron cuerpo los fantasmas de la Masacre de Ezeiza, aquella que rodeara el regreso de Perón. En el pasado, fracciones partidarias se enfrentaron a tiros, con un gran saldo en muertos y heridos, frustrando una fiesta popular por el regreso del anciano Líder, exiliado durante 18 años, luego de ser derrocado por una Revolución Libertadora animada por los sectores oligárquicos y la Iglesia; hoy, en un histórico traslado de sus restos mortales desde el Cementerio de la Chacarita hasta el mausoleo construido en la Quinta de San Vicente, donde se acuñaron varios de los sueños peronistas, la pulseada por la primacía en el homenaje dejó paso a las balas y a la violencia, con un saldo de 50 a 60 heridos.
Otra vez, volvieron a nuestras retinas esas imágenes de Ezeiza, las de la violencia inusitada en el medio de una movilización popular que intentó homenajear a un hombre, cuyo ideario sigue siendo utilizado para la acumulación de poder. En el pasado, los Montoneros se enfrentaron a otras fracciones internas y ayer, las patotas sindicales, las mismas que condicionaron a un presidente constitucional como Raúl Alfonsín y que se callaron frente a los deseos neoliberales del Emperador riojano, fueron las protagonistas de una pulseada que, en parte, denota la falta de control del Gobierno Nacional y del Partido Justicialista para intentar evitar que una fiesta se transformara en una espiral de violencia inusitada.
Volvieron a agitarse los fantasmas en una coyuntura político-institucional sumamente grave, con la desaparición del compañero Jorge Julio López, militante peronista; con las amenazas a compañeros y compañeras, algunos de ellos y de ellas ex-detenidos desaparecidos y con la sensación de una ausencia notoria del Estado para responder ante estos hechos. Estamos ante tiempos fugaces y volátiles en donde reina la incertidumbre a todo momento, mientras el medio pelo argentino sigue adorando al Dios Blumberg y participando de las vidrieras de los shoppings.
Mientras tanto, quienes miramos la realidad de todos los días, la de los chicos y ancianos que se mueren por causas evitables, la de las personas con discapacidad a las cuales se les siguen negando sus derechos al trabajo, a la salud y a la educación, la de la pobreza y la indigencia, con un abismo cada vez mayor con respecto a la clase media alta y alta, advertimos que lo político se encuentra entre tiros y patotas con el único y supremo objetivo de perpetuarse en el poder, sin dar solución a las demandas sociales que hoy se transforman en imperativas.
Hoy, marchamos por el compañero López pero también por los compañeros y compañeras del Hospital Francés, por todos aquellos que siguen sumergidos en la pobreza y en la indigencia, pese a los índices oficiales y por encontrar el camino hacia la construcción de una Argentina que, aún dividida entre el peronismo y el antiperonismo, pueda cobijarnos a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros nietos.
Prof. Juan Carlos Sánchez Cs. Jurídicas, Políticas y Sociales (I. S. P. "Dr. Joaquín V. González")
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